09 febrero 2006

 

Una vela a Clara Campoamor


Si alguna vez ha habido una Mujer para la Democracia, esa ha sido Clara Campoamor.
Dicen que la mejor forma de echar a andar es encomendarse al santo adecuado. Los policías tienen a los Santos Ángeles Custodios, a los perros y gatos los encomendamos a San Antón, y en la Escuela Superior de Telecomunicaciones celebran San Teleco, que no existe, dicen, pero así tienen fiesta, como las demás facultades. Pues al inaugurar este blog, ¿a quién nos encomendaremos? ¿A quién le pedirán protección las mujeres de Madrid? A quién va a ser, ¿acaso lo dudáis? A doña Clara Campoamor, para que desde el Cielo Feminista, donde Dios es mujer, las proteja y las anime.
Gracias a Clara Campoamor Rodríguez (1888-1972), nacida en el barrio de Maravillas, hoy llamado de Malasaña, la mujer española se equiparó políticamente al hombre y salió de la esclavitud. Sí, la esclavitud. Porque a quien carece de derechos políticos, a quien no puede decidir sobre su propio destino, ¿qué le importan los derechos civiles? Sin derecho al sufragio, la mujer española no era nada, no era nadie, no existía. De la nada, las españolas pasaron al todo en el glorioso otoño de 1931 en que se reconoció, constitucionalmente, el voto de la mujeres y fue Clara Campoamor su voz, la campeona del feminismo español, un feminismo inteligente, eficaz y nada vociferante; un feminismo que no busca subvenciones ni se disipa en actos estériles sino que crea políticas y abre puertas. Sí, si alguna vez ha habido una Mujer para la Democracia, esa ha sido Clara Campoamor. Pongámosle una vela.





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